El llamado ultra de la Carretera Austral

Para quienes aún sienten vértigo al mirar el mapa de la Patagonia, esta historia es una invitación. Porque antes de convertirse en leyenda, toda aventura comienza con una decisión: atreverse a soñar más allá de lo conocido.

¿1.216 kilómetros? ¿En bicicleta?

Sí, parece imposible. Cuando los turistas dicen que la Carretera Austral “se hace larga” en auto, nosotros los ciclistas sabemos que esconde algo más profundo: la transformación que ocurre cuando te enfrentas a la inmensidad patagónica con tus propias piernas.

No siempre fue así para mí. Hubo un momento en que 100 kilómetros parecían una hazaña. Pero la Patagonia te enseña que los límites son más flexibles de lo que creemos. Después de la Across Andes 2023, algo cambió. Me propuse hacer toda la Carretera Austral en modo ultraciclismo: llevar lo mínimo, pedalear hasta donde el cuerpo permita, parar poco, seguir adelante.

El Primer Paso: Más Intimidante que Difícil

La aventura comenzó a las 3:40 am del 20 de marzo en Puerto Montt. Mientras otros jóvenes debatían sobre fiestas, yo partía hacia algo que me daba tanto miedo como emoción. El frío otoñal cortaba, un resfriado amenazaba mi energía, pero había algo más fuerte: la curiosidad de saber qué ocurre cuando te alejas de la zona de confort.

Las primeras horas fueron mágicas. Atravesar barcazas como Caleta la Arena y Hornopirén se sintió como cruzar portales hacia otro mundo. En Leptepu, cuando me negué a tomar el bus para los 10 kilómetros hasta Fiordo Largo, un cicloturista inglés se motivó con mi decisión. Así descubrí algo clave: la determinación es contagiosa.

Cuando la Patagonia Te Abraza

Los primeros 319 kilómetros fueron una revelación. Sí, tuve que enfrentar la temible cuesta Moraga en plena noche, pero llegué a Villa Santa Lucía con una sonrisa. Marfán había coordinado mi alojamiento, y me esperaban con cazuela de gallina. Ahí entendí que la Patagonia no es solo territorio hostil: está llena de gente que entiende el valor de los desafíos personales.

El segundo día trajo lluvia implacable sobre el Queulat. Empapado por dentro y por fuera, cada pedalada se volvió un acto de fe. Pero incluso en Villa Amengual, estilando agua, encontré a alguien dispuesto a venderme provisiones. La Patagonia te prueba, pero también te sostiene.

El Desafío Final: Diciembre Ardiente

Meses después vino el tramo final: 561 kilómetros desde Coyhaique hasta Villa O’Higgins en dos días. Aquí las cosas se pusieron serias. En Villa Cerro Castillo iba una hora atrasado del plan. En Puerto Río Tranquilo, una chorrillana y cerveza fueron mi combustible. Pero seguí, porque ya no se trataba solo de llegar: se trataba de descubrir quién era yo en los límites.

La Nochebuena en Puerto Bertrand, cuando Ester interrumpió su cena familiar para darme refugio, confirmó algo: la Patagonia premia a quienes se atreven a intentarlo.

El Momento de la Verdad

El 25 de diciembre, la cuesta hacia Puerto Yungay bajo 30 grados de calor fue brutal. Los tábanos implacables, las piernas gritando por descanso. Pero en la cima, cuando me refresqué en ese arroyo, sentí algo que jamás había experimentado: la certeza de que podía confiar en mi propio cuerpo.

Los últimos 50 kilómetros fueron en absoluta soledad nocturna. Solo mi respiración, el canto de los chucaos y la vastedad patagónica. Iba cantando, no por euforia, sino por gratitud. A las 00:21 del 26 de diciembre llegué a Villa O’Higgins.

La Invitación

No necesitas ser un ciclista experto para empezar. Necesitas curiosidad por saber qué hay del otro lado del miedo. La Patagonia no es el enemigo; es el escenario donde descubres que eres más fuerte de lo que imaginas.

Tu Carretera Austral puede empezar con 50 kilómetros, con 100, con lo que sea. Lo importante es empezar. Porque en algún punto del camino, entre el esfuerzo y la inmensidad, encontrarás algo que no sabías que estabas buscando: la versión más valiente de ti mismo.

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- Eddy Merckx