La Primera Brevet de Patagonia: El Nacimiento de una Tradición
El 1 de marzo de 2025 marcó un hito en la historia del ultraciclismo sudamericano. En Villa Los Torreones, bajo un cielo amenazante que presagiaba lluvia, 52 ciclistas se alinearon en la plaza para escribir el primer capítulo de las Brevets patagónicas. Muchos de ellos habían logrado pedalear más de 100 kilómetros apenas semanas antes de la prueba, pero ahí estaban, listos para enfrentar 217 kilómetros de puro desafío austral.
El Sueño Hecho Realidad
La idea había germinado en la mente de Tomás Gueneau después de participar en brevets de la zona central y recorrer las rutas maravillosas de la región austral. “¿Por qué no traer el ultraciclismo reglamentado a la Patagonia?”, se preguntó. Con las ganas de desarrollar esta disciplina en territorio austral, logró articular una colaboración histórica entre ripio.cc, Ciclismo Aysén, Gravel Aysén y Brevet Sur.
De las 60 personas inscritas, 52 se presentaron esa mañana del sábado. Entre ellos, la tribu de Ciclismo Aysén, miembros del colectivo Cicleayque, y algunos valientes de fuera de la región que habían viajado específicamente para ser parte de este momento fundacional.
La Partida Épica
A las 7:00 AM exactas, con el sonido de la gaita de Tomás resonando en la plaza de Villa Los Torreones, los 52 pioneros iniciaron su travesía. El comisario de carrera, el mismo Tomás, no solo supervisaría la prueba recorriendo la ruta, sino que bendeciría con música celta varios puntos del trayecto.
El recorrido era una mezcla perfecta de 50% gravel y 50% asfalto: Villa Los Torreones a Villa Ortega (50 km), luego Ñirehuao (80 km), subida al emblemático El Toqui (123 km), paso por Villa Mañihuales (165 km) y regreso a Torreones para completar los 217 kilómetros totales.
Los Primeros Desafíos
Poco antes de las 9:00 AM, los primeros corredores arribaron al PC1 en Villa Ortega. Ya ahí el pelotón se había desgranado considerablemente. Algunos participantes, enfrentándose a la realidad de su ritmo y algunos malestares matutinos, tomaron la sabia decisión de abandonar tempranamente. No sabían que, irónicamente, su regreso a Torreones los haría pedalear casi los 200 kilómetros reglamentarios, llegando casi junto con los últimos clasificados oficiales.
La punta de la carrera ya mostraba sus cartas. Pipo Rodríguez había tomado la delantera, seguido de cerca por Thomas Rodríguez (sin parentesco, pura coincidencia de apellidos). Una hora más tarde, estos dos gladiadores del pedal llegaban al PC2 en Ñirehuao, donde lamentablemente la coordinación comunitaria no resultó como se esperaba y los corredores debieron marcar su paso desde la plaza municipal en lugar de la sede comunal planificada.
La Magia de las Comunidades
En el kilómetro 35, durante la subida del arenal, el sonido de la gaita volvió a acompañar a los ciclistas. Era Tomás, cumpliendo su promesa de estar presente en los momentos clave del recorrido.
Aunque Ñirehuao no pudo organizarse como se esperaba, una sorpresa aguardaba en Arroyo el Gato. Sin ser un punto de control oficial, la comunidad se había activado gracias al trabajo de Sebastián Vega. Ofrecían empanadas y kich de morrillas a quienes se regalaran una pequeña pausa antes de enfrentar la temida cuesta hacia la Mina El Toqui.
El Refugio de El Toqui
En El Toqui, el prevencionista de riesgos de la mina, también pedalero, esperaba a los corredores en el gimnasio de la localidad con refrigerios cortesía de la empresa. El lugar calefaccionado se convirtió en un oasis: barritas de cereal, fruta fresca y la famosa sopa de pollo que se volvería ícono del evento. Para más de un vegano fue una decepción gastronómica, pero para la mayoría de ciclistas mojados y exhaustos, representó energía pura y calor humano.
Cuando Llegó la Lluvia
Alrededor de las 4:00 PM, la amenaza matutina se cumplió. Una lluvia implacable comenzó a caer sobre la región, aunque su intensidad variaba según la ubicación de cada corredor.
La punta de la brevet, liderada por Pipo y Thomas, había sido estratégica. Pasaron rauda por Villa Mañihuales y lograron completar el circuito antes de que la lluvia arreciara. Pipo cruzó la meta en 7 horas y 55 minutos, seguido por Thomas en 8 horas y 7 minutos. Ambos dentro del tiempo límite de 13,5 horas para los 200 kilómetros reglamentarios, con energía de sobra.
Pero la gran mayoría de participantes no tuvo esa suerte. Enfrentaron más de dos horas de pedaleo bajo una lluvia nada amigable. Algunos, ya empapados, llegaron a Villa Mañihuales y se refugiaron largamente en “Donde Karauke”. El calor del local y la pausa extendida los terminó por enfriar tanto que varios decidieron abandonar la prueba, incapaces de volver a subirse a sus bicicletas.
La Celebración Bajo la Lluvia
De vuelta en Villa Los Torreones, la comunidad local había preparado una fiesta que lamentablemente se vio truncada por las condiciones climáticas. La gente del pueblo estaba emocionada con el evento, aunque algo decepcionada de que la lluvia terminara tempranamente con la celebración exterior.
Los organizadores esperaron hasta las 11:00 PM para celebrar incluso a quienes llegaron después del tiempo reglamentario. El sonido de la gaita volvió a resonar en la plaza, esta vez recibiendo a los héroes mojados que completaron su odisea personal.
El Balance Final
De los 52 valientes que partieron esa mañana, 32 completaron la ruta entera. De ellos, 30 lograron cumplir los 200 kilómetros reglamentarios dentro del tiempo máximo de 13,5 horas, ganándose oficialmente el título de finishers de la primera Brevet patagónica. Dos corredores más terminaron la ruta completa fuera de tiempo, pero con la satisfacción de haber completado el desafío personal.
Los dos participantes que regresaron desde Ñirehuao también merecen reconocimiento: pedalearon 175 kilómetros de pura determinación.
Un Hito para el Ultraciclismo Austral
Esta primera Brevet de Patagonia constituyó un hito fundamental en el fortalecimiento del ultraciclismo en la región. No fue solo una prueba deportiva; fue la demostración de que las comunidades australes pueden acoger y celebrar el desafío humano, que los paisajes patagónicos ofrecen escenarios únicos para el ultradistancia, y que existe una comunidad creciente de ciclistas dispuestos a explorar sus límites en territorio austral.
Para muchos participantes, especialmente aquellos que apenas habían superado los 100 kilómetros semanas antes, completar esta prueba representó una transformación personal. Para otros, fue el primer paso hacia el título de Super Randonneur y tal vez, algún día, hacia la mítica París-Brest-París.
Pero por sobre todo, fue la prueba de que los sueños, cuando se articulan con comunidad y determinación, pueden hacerse realidad incluso en los confines del mundo. La primera Brevet de Patagonia no fue solo el inicio de una tradición deportiva; fue la celebración de lo que somos capaces de lograr cuando nos atrevemos a pedalear más allá de lo conocido.
Una maravillosa primera experiencia que marca el comienzo de una nueva era para el ultraciclismo patagónico, con la promesa de seguir alimentando esta pasión en los años venideros.
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